La importancia de la hidratación

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La importancia de la hidratación

Tenemos que tener en cuenta que el agua es el principal componente del cuerpo humano, esencial para los procesos fisiológicos de la digestión, absorción y eliminación de desechos metabólicos no digeribles, así como también para la estructura y función del aparato circulatorio. En él se transportan todos los nutrientes y sustancias corporales y actúa directamente en la regulación de la temperatura corporal.

El cuerpo humano tiene un 75% de agua al nacer y cerca del 60% en la edad adulta. Aproximadamente el 60% de este agua se encuentra en el interior de las células (agua intracelular), el resto (agua extracelular) circula en la sangre y baña los tejidos.

Según la European Food Safety Authority (EFSA) la ingesta diaria adecuada de líquidos incluye 2 litros para las mujeres y 2,5 litros para los hombres, eso sí, ajustándose a la actividad física, la intensidad del deporte practicado así como la edad de los sujetos y condiciones del tiempo.

Estas cantidades de ingesta de agua varían también de adultos a niños. Según un estudio de la Sociedad Española de Nutrición celebrado en Pamplona, para los niños de entre 4 y 8 años recomendaban una ingesta diaria de líquido de entre 1´5L y 2L, en cambio para niños de entre 9 y 13 años la cantidad aumentaba en 1/2L.

Toda agua contenida en los alimentos tiene que garantizar nuestra correcta hidratación pero tenemos que fijarnos en la cantidad y la calidad de la misma para el perfecto funcionamiento de nuestro cuerpo según nuestro día a día.

Para personas sanas, la sed es una alerta adecuada para la toma de agua, excepto para los bebés, los deportistas y la mayoría de las personas enfermas y ancianas. En estos casos conviene programar momentos para ingerir agua, ya que la gran demanda y los mecanismos fisiológicos que determinan la sed en estas situaciones pueden condicionar desequilibrios en el balance hídrico con importantes consecuencias para la salud o el rendimiento físico o intelectual.
Sabemos que nuestro organismo posee una serie de mecanismos que le permiten mantener constante el contenido de agua, mediante un ajuste entre los ingresos y las pérdidas. El balance hídrico viene determinado por la ingestión (agua de bebida, líquidos, agua contenida en los alimentos) y la eliminación (orina, heces, a través de la piel y de aire espirado por los pulmones). Que uno de los dos mecanismos falle, puede producir graves trastornos capaces de poner en peligro la vida del individuo.

No acumulamos reservas de agua para un largo periodo por lo que tendremos que estar constantemente hidratándonos y reponiendo líquidos a nuestro cuerpo para mantener un estilo de vida y un nivel de salud óptimo, sobretodo cuando hacemos deporte donde la reposición de líquidos pasa a un primer plano.

Lo más beneficioso para nuestro organismo es encontrar la correcta hidratación mediante la alimentación y las bebidas, aún sabiendo que el agua es la bebida por excelencia, debemos de ser conscientes de que, desde el principio de los tiempos, hemos buscado otras fuentes de líquidos con capacidad de hidratación, líquidos con diferentes sabores o que nos proporcionaban, además, otros nutrientes, que nos alimentaran o simplemente fueran agradables al paladar, como por ejemplo la leche, los zumos, las sopas o, incluso el vino.

La SENC también ha publicado una especie de guía que encontramos didáctica y sencilla donde diferencia cinco grupos de bebidas de mayor a menor beneficio para nuestro organismo:

Grupo 1. Aguas minerales, aguas de manantial o de grifo de bajo contenido salino.

Grupo 2. Aguas minerales o del grifo con mayor contenido salino. Bebidas refrescantes sin azúcar/acalóricas. Té o café sin azúcar.

Grupo 3. Bebidas con cierto contenido calórico y de nutrientes de interés. Zumos de frutas naturales. Zumos de verduras (tomate, gazpacho,…) y caldos. Zumos comerciales a base de fruta (100%). Leche o productos lácteos bajos en grasa sin azúcar. Leche o productos lácteos con azúcar, y sustitutos de leche. Cerveza sin alcohol. Bebidas para deportistas. Té o café con azúcar.

Grupo 4. Bebidas refrescantes carbonatadas o no, endulzadas con azúcar o fructosa.

Grupo 5. Bebidas alcohólicas de baja graduación (Bebidas fermentadas). No son útiles para la correcta hidratación pero su consumo moderado ha mostrado beneficiosos en adultos sanos. No se incluyen en la pirámide pero pueden consumirse con moderación.

Muchas gracias.

Por Andrés Alonso (@aainiesta)

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